Cuán amables son tus moradas, oh Señor de los ejércitos Anhela…

Ortodoxa

Cuán amables son tus moradas, oh Señor de los ejércitos Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Señor; Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, Cerca de tus altares, oh Señor de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío. Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion. Señor Dios de los ejércitos, oye mi oración; Escucha, oh Dios de Jacob. Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido. Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad. Porque sol y escudo es Señor Dios; gracia y gloria dará Señor. No quitará el bien a los que andan en integridad. Señor de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.

Fuente: Libro de las Horas, Diócesis de México, 2020

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