De tu gracia canto, oh Señora soberana, y te ruego que…
Ortodoxa
De tu gracia canto, oh Señora soberana, y te ruego que embellezcas mi mente con tu gracia. Enséñame a caminar por la senda de los mandamientos de Cristo. Fortaléceme para despertar en cantos de alabanza y aparta de mí el sueño del desconsuelo. ¡Oh Esposa de Dios! Por tus oraciones libérame, pues me atan las ataduras del pecado. Guárdame de noche y de día y líbrame de los enemigos que me vencen. ¡Oh Madre de Dios, el dador de vida! Vivifícame a mí, muerto por mis pasiones. ¡Oh tú, que diste a luz a la Luz que no se apaga! Ilumina mi alma cegada. ¡Oh palacio maravilloso del Maestro! Haz que sea morada del Espíritu Santo. ¡Oh tú, que diste a luz al Sanador! Sana las perennes pasiones de mi alma. Guíame por el camino del arrepentimiento, porque me encuentro varado en las tormentas de la vida. Líbrame del fuego eterno, y del gusano maligno y del Tártaro. Que no me vea expuesto al regocijo de los demonios, culpable como soy de muchos pecados. Renuévame a mí, envejecido por mis pecados sin sentido, ¡oh Inmaculada! Preséntame libre de tormentos y ruega por mí ante el maestro de todo. Consérvame para que halle los gozos del cielo con todos los santos. ¡Oh Virgen santísima! Escucha la voz de este siervo tuyo inútil. Dame torrentes de lágrimas, ¡oh Purísima!, para limpiar mi alma de la impureza. Te ofrezco incesantemente los lamentos de mi corazón. Lucha por mí, ¡oh Señora soberana! Acepta mis súplicas y ofréceselas al Dios compasivo. ¡Oh tú, que estás por encima de los ángeles! Elévame sobre la confusión de este mundo. ¡Oh tabernáculo celestial portador de luz! Dirige la gracia del Espíritu en mí. En tu alabanza alzo mis manos y mis labios, aunque están manchados por la impureza, ¡oh Inmaculada! Líbrame de los males que corrompen el alma e intercede fervientemente ante Cristo, a quien se debe todo honor y adoración, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Fuente: Parroquia Ortodoxa de los Santos Leandro e Isidoro, Sevilla